Durante la pandemia, en medio del estrés laboral y el aislamiento, María Elena Moré decidió reencontrarse con su cámara. Entonces directora ejecutiva de la Escuela de Diseño de Chavón retomó la fotografía como una vía creativa para sobrellevar la rutina del confinamiento. Lo que comenzó como un hobby derivó en uno de los proyectos documentales más íntimos y ambiciosos de su carrera: retratar, durante tres años, el camino de la atleta Marileidy Paulino hacia la cima del atletismo mundial.
El proyecto comenzó en diciembre de 2021, poco después de los Juegos Olímpicos de Tokio, cuando la fotógrafa conoció a Anabel Medina, compañera de Marileidy en el relevo 4×400. Fue a través de ella que logró acercarse a la velocista. “Ese primer día le dije a Marileidy, cuando ganes la medalla de oro en París, yo voy a estar ahí para fotografiarlo”, recuerda. Tres años más tarde, esa promesa se convirtió en realidad.
La autora del libro “Marileidy Paulino: Camino al sueño olímpico” publicado con apoyo del Banco Popular, explicó que “necesitaba volver a la fotografía como un escape. Lo que no imaginaba era que eso me llevaría a documentar a la primera mujer dominicana que podría ganar una medalla olímpica de oro”.
El libro es fruto de un proceso que combinó fotografía deportiva y documental, algo inusual en el fotoperiodismo dominicano. María Elena acompañó a Paulino durante sus entrenamientos en España y Francia, su preparación mental y física, y momentos cotidianos como cocinar, descansar o enfrentar molestias físicas. “No me perdí ni una sola práctica. En el día 26, cuando parecía que todo era rutina, pasó algo importante: le cayó mal una proteína, se sintió mal y pude capturar ese momento humano”, detalla.
Para lograr imágenes auténticas, Moré buscó borrar su propia presencia del entorno. “Quería que se olvidaran que yo estaba ahí, para capturar la realidad sin poses. Me vestía como ellos, me integré a su ritmo. Su rutina se volvió la mía”.
Destaca que el proceso tomó cerca de un año de trabajo intenso y otros dos de seguimiento y edición. Para la producción del libro, reunió a un equipo de egresados de Chavón: Elías Roig Dan en el diseño editorial, Chinela Antigua como curadora visual y Eduardo Javier en el apoyo fotográfico. “Nos sentamos más de tres semanas a elegir, secuenciar y construir el libro. Es una labor titánica”, cuenta.

Desafíos
Aunque Moré se considera fotógrafa documental, el proyecto la obligó a incursionar en la fotografía deportiva, un campo que en su experiencia sigue dominado por hombres. “En las zonas de fotógrafos de las competencias, el 90% son hombres de más de 50 años. Muchos me decían que cubrieron Atlanta 96 o Beijing 2008. Yo era una excepción”, relata.
Asimismo, destaca que la carga física del trabajo es mucho más de lo que imaginaba. “Después de cuatro meses cargando equipos pesados, regresé con un desgarro en el manguito rotador y he estado en terapia desde enero”, comenta. Aun así, su motivación fue más fuerte. “Quería contar la historia de una mujer dominicana que representa un símbolo de superación para niñas y jóvenes. La fotografía fue mi herramienta para lograrlo”.

A la vez, recalca que el libro no se centra únicamente en los triunfos. También muestra el esfuerzo diario, la disciplina y los sacrificios invisibles. “Cuando Marileidy se sintió mal en la pista, su entrenador me dijo: ‘Haz la foto, porque la gente tiene que ver que esto no es solo el momento de la medalla’. Eso me marcó”, añadió.
Moré destaca la generosidad y humanidad de Paulino. “Compartía su ropa deportiva con otros atletas, preguntaba cómo me sentía. Es una mujer madura, con un fuerte sentido de justicia”, afirma.
De acuerdo con Moré el trabajo fue posible gracias al apoyo de otras mujeres en el entorno de Paulino, como Olga Torres, su mánager comercial. “Cuando una mujer apoya a otra, se abren caminos. Olga me facilitó el acceso, me ayudó con los itinerarios. Gracias a eso, todo fluyó”, señala.
Futuro
El proyecto también significó un redescubrimiento personal. “Aprendí que soy capaz de reinventarme. Dejar mi trabajo formal, salir del país, vivir meses en otro continente y producir algo desde cero fue una prueba de fuego. Me demostré a mí misma que puedo ser muchas cosas”.
En sus palabras la fotógrafa menciono que le interesaría documentar otros deportes como el béisbol, y aspira a desarrollar proyectos editoriales y sociales que usen la fotografía como herramienta de cambio. “Hay miles de niños que toman una guagua durante tres horas para jugar pelota. Ese esfuerzo merece ser contado”.











