La minería es una de las industrias que impulsa el desarrollo económico y social de los países, aunque históricamente ha sido liderada por hombres. Hoy, en República Dominicana, cada vez más mujeres están asumiendo roles estratégicos dentro del sector. Una de ellas es Lauramarie Cornelio, directora legal de la Corporación Minera Dominicana (CORMIDOM), quien representa una nueva generación de liderazgo con visión sostenible y enfoque de impacto.
Con más de ocho años de experiencia en derecho corporativo, administrativo y negociación de contratos complejos, su carrera ha estado enfocada en alinear la gestión legal con los objetivos de negocio y la sostenibilidad a largo plazo.
Sin embargo, más allá de su rol ejecutivo, se define por los títulos de “hija, hermana, esposa y, recientemente, madre”. Esa dimensión personal, asegura, ha sido clave para construir una visión más equilibrada de su vida profesional, marcada por la disciplina, el compromiso y la gratitud.
Su entrada al mundo jurídico no fue casual. Surgió, en parte, por la visión de su padre, quien identificó en ella un potencial que aún no había descubierto. Con el tiempo, ese camino se consolidó. “El Derecho es la mejor herramienta para abogar por las cosas que entiendo son importantes y justas”, afirma.
Su llegada al sector minero fue inesperada. “No fue algo que busqué; fue una oportunidad que llegó y que terminé abrazando con miedo y entusiasmo”, recuerda. Lo que inicialmente representó un reto, hoy se ha convertido en un espacio de aprendizaje constante dentro de una industria dinámica y con alto potencial de desarrollo.
Lo que más le atrajo fue precisamente su complejidad, ya que es un sector altamente especializado, con un marco regulatorio exigente y un impacto social que, según explica, muchas veces pasa desapercibido.
Uno de los principales desafíos que identifica es el marco legal vigente, que data de 1971, frente a una industria en evolución constante. “La falta de una normativa moderna y adaptada a los nuevos tiempos retrasa avances importantes para la industria”, explica.
Esta realidad, sumada a retos en permisología, educación y concientización sobre el impacto económico y social de la minería, obliga a las empresas a adaptarse y reinventarse continuamente. No obstante, Cornelio también ve en este contexto una oportunidad de crecimiento, tanto para el sector como para los profesionales que lo integran.
Para ella, trabajar en una empresa con operaciones internacionales ha sido otro factor determinante en su desarrollo profesional. Esta experiencia le ha permitido comprender cómo las dinámicas globales y locales se entrelazan, exigiendo estrategias diferenciadas según cada jurisdicción.
Además, destaca el valor de la diversidad como motor de innovación. “Colaborar con equipos internacionales enriquece la toma de decisiones y la resolución de problemas”, sostiene, al tiempo que subraya la importancia de una comunicación clara y sencilla en entornos multiculturales.
CORMIDOM
Su trayectoria dentro de la empresa ha sido progresiva. Inició como abogada corporativa hace nueve años y, a través de un proceso constante de aprendizaje y superación, asumió responsabilidades cada vez mayores hasta alcanzar su posición actual como directora legal.
“Cada etapa ha sido una oportunidad para aprender y desafiarme”, afirma, destacando la importancia de la evolución continua en entornos empresariales exigentes. Para Cornelio, el impacto de CORMIDOM trasciende la generación de empleos. Uno de los principales aportes de la empresa es la capacitación técnica de jóvenes en comunidades cercanas a sus operaciones.
“Los programas de formación son un verdadero ganar-ganar”, explica, al permitir que las personas desarrollen habilidades que fortalecen el capital humano del país y amplían sus oportunidades económicas. En paralelo, la sostenibilidad ocupa un lugar central en la estrategia de la compañía. “No se trata solo de cumplir con normativas, sino de tomar decisiones que minimicen el impacto ambiental, social y económico”, señala.
Este enfoque se traduce en iniciativas como el uso de energías renovables, la gestión responsable del agua y el trabajo directo con comunidades. Uno de los puntos en los que insiste es la necesidad de cambiar la percepción sobre la industria. “Pensar que la minería y el medio ambiente no pueden coexistir es un mito”, afirma, al explicar que la minería moderna incorpora planes de mitigación y remediación ambiental.
Asimismo, rechaza la idea de que se trata de una actividad prescindible. “La minería es indispensable para la innovación tecnológica, la infraestructura y el desarrollo económico”, puntualiza.
De cara al futuro, Cornelio visualiza un sector en transformación, impulsado por la adopción de tecnologías más avanzadas y una mayor alineación con estándares internacionales de transparencia y gobernanza.
En ese contexto, considera que las oportunidades para las nuevas generaciones son amplias. Desde roles técnicos hasta espacios de innovación y trabajo comunitario, la minería ofrece un campo fértil para el desarrollo profesional en el país.
Visión
Su aspiración es contribuir a una industria más ética, inclusiva y transparente, donde las decisiones empresariales integren no solo resultados financieros, sino también el impacto social y ambiental.
En cuanto al liderazgo femenino, Cornelio reconoce que aún persisten estereotipos, especialmente en industrias como la minería. Sin embargo, su experiencia ha sido positiva.
“Pensar que las mujeres jóvenes no tienen cabida en roles de alta responsabilidad es un estereotipo que debemos romper”, afirma. A lo largo de su carrera, asegura haber encontrado un entorno que valora el talento y la dedicación por encima de cualquier otra condición.











