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Ashley Morales Cartagena: “Mi propósito es traducir la ciencia en decisiones que protejan vidas”

por Danielis Fermín
September 11, 2026
en Entrevistas
Ashley Morales Cartagena

Ashley Morales Cartagena

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La fundadora de Mujeres en la Ingeniería RD es la primera dominicana en ser elegida vicepresidenta del Instituto de Investigación de Ingeniería Sísmica de los Estados Unidos

Antes de que Ashley Morales Cartagena entendiera los terremotos desde la ingeniería, los conoció a través de su abuela Lila, quien le contaba cómo el sismo de 1946 había afectado a la provincia María Trinidad Sánchez.

“El mar se metió en Nagua”, le decía. Esa imagen poderosa, con el tiempo, terminaría marcando una trayectoria profesional vinculada a la ingeniería civil, la docencia, la gestión del riesgo y la investigación.
Morales Cartagena, vicepresidenta del Earthquake Engineering Research Institute de Estados Unidos (EERI, por sus siglas en inglés) para 2026 y fundadora de Mujeres en la Ingeniería RD, asegura que su “propósito es traducir la ciencia en decisiones que protejan vidas”.

En su caso, esa declaración no funciona como un lema aspiracional, sino como un modelo de trabajo. La ingeniería le dio el lenguaje técnico para entender rocas, fallas, suelos, edificaciones y amenazas; la docencia le ha permitido multiplicar conocimiento, y la gestión del riesgo le recordó que detrás de cada estudio técnico hay familias, escuelas, hospitales, comunidades e infraestructuras que dependen de decisiones bien tomadas.

Su historia representa una lectura más amplia sobre el liderazgo profesional en sectores altamente especializados: no basta con dominar una disciplina; también hay que convertir ese conocimiento en incidencia. Morales Cartagena ha hecho de la ingeniería sísmica una plataforma de servicio; de la investigación, una herramienta para la política pública, y de la mentoría, una vía para abrir espacios a más mujeres en áreas donde todavía son minoría.

Su llegada a la ingeniería civil, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, estuvo marcada por una mezcla de curiosidad, exigencia y conciencia temprana de representación. Recuerda que, en su primera reunión de ambientación, había alrededor de cinco mujeres en un grupo de 40 estudiantes. En un entorno donde la minoría suele sentirse como advertencia, ella eligió leerlo como posibilidad. “Nunca pensé que por ser minoría en un aula mi voz no valía”, afirma. “Siempre tuve claro que sí podía realizar cientos de ejercicios de cálculo integral y entender la física; ese mundo era para mí”.

¿Cómo defines el propósito que guía tu carrera?

Hoy lo defino de una forma muy sencilla: mi propósito es traducir la ciencia en decisiones que protejan vidas. La ingeniería me dio un lenguaje para entender las rocas, las fallas, las edificaciones y el riesgo; la docencia me dio la posibilidad de multiplicar ese conocimiento, y la gestión del riesgo me recordó que detrás de cada estudio hay familias, escuelas, hospitales y comunidades que dependen de que hagamos bien nuestro trabajo.

Esto no siempre lo tuve tan claro. Tenía un norte, pero no siempre veía el cómo. En el camino encontré que mi carrera tomaba más sentido cuando el conocimiento podía convertirse en acción y en toma de decisiones capaces de dejar un legado positivo en la gente.

¿En qué momento entendiste que tu pasión por la geología y los terremotos podía convertirse en una misión profesional orientada a proteger vidas?

Creo que fue un proceso. Al principio me fascinaban la geología, las rocas, la física y esa idea de entender cómo se mueve la Tierra; pero cuando empecé a estudiar el impacto de los terremotos en las edificaciones y en las comunidades, entendí que no se trataba solo de un fenómeno natural. Se trataba de vulnerabilidad, de decisiones de diseño, de planificación, de educación y de preparación. Ahí comprendí que desde la ingeniería podía aportar a salvar vidas, y eso cambió completamente la forma en que veía mi profesión.

Además, creo que mi pasión tiene mucho que ver con quien fue mi profesora de geología, la geóloga cubana María de los Ángeles Calzadilla. Ella me enseñó, desde muy temprana edad, a conectar el estudio de las rocas, las fallas, la llanura de inundación de un río y otros conceptos de la Tierra, para traducirlos en acciones que salvaran vidas en el territorio.

Con ella aprendí lo que era el fenómeno de la licuefacción de suelos y, con su vivo ejemplo, me enseñó a conectar la ciencia con la gente. Sin saberlo, fue mi primera mentora, mi gran referente. Combiné mi pasión con la posibilidad de observar el ejemplo de una mujer fuerte que ya hacía lo que yo, algún día, soñaría hacer.

Morales Cartagena es vicepresidenta del Earthquake Engineering Research Institute de Estados Unidos (EERI, por sus siglas en inglés) para 2026.
Morales Cartagena es vicepresidenta del Earthquake Engineering Research Institute de Estados Unidos (EERI, por sus siglas en inglés) para 2026.

¿Qué significó para ti obtener la beca Fulbright y formarte en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign?

Fue una de las oportunidades más transformadoras de mi vida. Literalmente, obtener una beca Fulbright me cambió la vida. La beca no solo me permitió estudiar en una de las universidades más importantes en ingeniería; también me abrió la mente a otra escala de investigación, colaboración y responsabilidad profesional.

Luego, llegar a una de las universidades ubicadas en los primeros lugares de los rankings de ingeniería civil en Estados Unidos fue un sueño que jamás imaginé. Al llegar, pude acceder a grandes recursos para mi educación: laboratorios, bibliotecas y profesores que me retaban a la excelencia en cada clase. Allí conocí gente de todo el mundo que se volvió familia y también fue parte de mi formación.

Fue una experiencia humana fuerte: crecer, adaptarme, exigirme y confiar en que pertenecía a ese lugar. La repetiría mil veces.

¿Cuál ha sido el mayor sacrificio personal o profesional que has tenido que hacer para llegar hasta aquí?

Honestamente, esta pregunta me hace reflexionar, porque nunca lo he visto “como sacrificio”; pero sí lo ha sido, porque muchas veces he puesto mi carrera primero.

Si lo miro desde afuera, el mayor sacrificio ha sido sostener una carrera de mucho servicio, mucha responsabilidad y mucha exposición, muchas veces a expensas del descanso, de la vida personal y de la tranquilidad. He tenido etapas de muchísimo trabajo, de cargar con proyectos, clases, investigaciones, gestión institucional y voluntariado al mismo tiempo.

Que uno ame lo que hace no significa que el cuerpo no se canse. También he aprendido que, para seguir sirviendo, hay que cuidarse más y aprender algunas veces, aunque nos cueste, a decir que no y a tener compasión conmigo misma.

Cuando miras tu trayectoria, ¿cuál decisión consideras que cambió el rumbo de tu vida?

Decidir especializarme en ingeniería geotécnica de terremotos cambió mi vida. Eso conecta tanto con la beca Fulbright como con la Universidad de Illinois, que también transformaron mi camino. Me dio las herramientas para servir desde una causa en la que creía desde antes de comenzar.

También regresar al país después de formarme fuera fue una decisión determinante, porque me obligó a construir camino en un área que todavía necesitaba crecer mucho en República Dominicana. Dejé el camino tradicional de la ingeniería civil y la geotecnia para mezclarlo con la gestión del riesgo de desastres. Entiendo que, en su momento, fue un salto de fe, porque no había un patrón tan claro de cómo lo haría.

Esto me llevó a la docencia, a la investigación, a los proyectos de riesgo sísmico y a los espacios internacionales que ocupo hoy. Ha sido seguir lo que mi corazón y mi mente me indicaban como correcto.

¿Qué te ha enseñado la ingeniería sobre la disciplina, paciencia y responsabilidad?

La ingeniería me ha enseñado a buscar soluciones aun en los retos más complejos, pero al mismo tiempo me ha enseñado que las cosas importantes se construyen por pasos, con capas, y que todo gran líder se sostiene sobre una buena cimentación. De ahí viene la paciencia.

Nada sólido se improvisa. Hay que estudiar, calcular, revisar, escuchar evidencia y aceptar que, a veces, las soluciones toman tiempo. También me enseñó responsabilidad: un error técnico no es solo un número mal puesto; puede afectar vidas.

Mi camino en la ingeniería me ha enseñado a conectar los números y los modelos matemáticos con la gente, y eso conlleva una gran responsabilidad: no solo ejercerlo, sino también transmitirlo a futuras generaciones.

Fuiste elegida vicepresidenta del Earthquake Engineering Research Institute para 2026. ¿Qué representa este logro para ti?

Representa un honor enorme y también una gran responsabilidad. Para mí no es solo un logro individual; es una señal de que desde nuestro país también podemos aportar conocimiento, liderazgo y visión a las conversaciones globales sobre riesgo sísmico.

Me emociona porque vengo de un país pequeño en tamaño, pero lleno de gente valiosa, con mucho talento, con una historia sísmica que nos llama a trabajar y con gran necesidad de construir resiliencia. Ocupar ese espacio me recuerda que la representación importa y que, si yo pude lograrlo, las futuras ingenieras dominicanas también podrán. También representa que los sueños se cumplen, incluso esos tan grandes que quizás daba miedo pensar.

Mujeres en la Ingeniería RD nace como ese lugar donde otras puedan encontrar mentoras, oportunidades para conectar y un espacio para visibilizarse

¿Qué te motivó a crear Mujeres en la Ingeniería RD?

A lo largo de mi carrera, desde la universidad hasta los espacios laborales, tuve la dicha de tener mentoras, incluso cuando ni siquiera sabía que el término existía. Por eso entendí lo importante que era contar con una red disponible de mujeres que brindaran apoyo, guía y ayudaran a alcanzar oportunidades a aquellas jóvenes que quizás no habían tenido la posibilidad de encontrar una mentora de forma natural, como me pasó a mí.

Mi primera mentora fue mi profesora de Geología, quien además fue mi primera jefa y una guía constante en cada paso profesional que yo daba. Ella no está hoy, pero sus lecciones me acompañan la vida entera.

Mujeres en la Ingeniería RD nace como ese lugar donde otras puedan encontrar mentoras, oportunidades para conectar y un espacio para visibilizarse. Lo hemos pensado como una plataforma para ayudar a cruzar puentes y atraer y retener a más niñas y mujeres en la ingeniería.

¿Cuáles son las principales barreras que enfrentan las mujeres dominicanas en áreas como ingeniería, construcción, geotecnia, ciencia y tecnología?

Hay barreras visibles e invisibles. Están los estereotipos sobre qué áreas “son para mujeres”, la falta de referentes, la poca representación en posiciones de decisión, la dificultad de conciliar los tiempos de cuidado con carreras muy demandantes y, a veces, la necesidad de demostrar más para recibir la misma credibilidad.

En construcción, geotecnia, ciencia y tecnología todavía hay espacios donde la presencia femenina se mira como excepción. Esa es la meta: dejar de ser una excepción. Por eso necesitamos redes, más oportunidades y cambios culturales que ayuden a entender la importancia de la presencia de las mujeres en todos los ámbitos donde se diseñan soluciones y se construye conocimiento.

Si pudieras dejar una sola idea instalada en la mente de las lectoras de elDinero Mujer, ¿cuál sería?

Que debemos seguir creando un camino más sencillo para las que vienen; que algún día dejaremos de ser minoría en los espacios de toma de decisiones, y que la que se cansa pierde. Debemos cuidarnos y seguir trabajando para construir un mundo mejor, con más mujeres en la ingeniería.

Etiquetas: Ashley Morales CartagenaMujeres en Ingeniería

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