República Dominicana ha logrado avances significativos en desarrollo humano durante las últimas décadas. El país se ubica en la categoría de Desarrollo Humano Alto y, entre 1990 y 2023, aumentó su Índice de Desarrollo Humano (IDH) en un 32%. Sin embargo, ese progreso convive con vulnerabilidades estructurales que aún condicionan la calidad de vida de una parte importante de la población.
Desde la mirada del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el país ha mostrado una evolución positiva, pero todavía enfrenta desafíos vinculados a la desigualdad territorial, la fragilidad de los ingresos y las brechas de género. Aunque desde 2018 República Dominicana registra menos desigualdad asociada al desarrollo humano que el promedio de América Latina y el Caribe, los avances no se distribuyen de manera homogénea en todo el territorio.
Uno de los principales retos está en la desigualdad territorial. De acuerdo con datos analizados por el PNUD, entre 2010 y 2022 el país perdió cerca del 22% de su potencial de desarrollo humano debido a diferencias en el acceso a servicios básicos como salud, educación y generación de ingresos. El desarrollo humano alto se concentra exclusivamente en la región Ozama, compuesta por el Distrito Nacional y Santo Domingo, mientras que regiones como las provincias fronterizas y Yuma se mantienen entre las más rezagadas.
En materia de igualdad de género, el balance muestra avances importantes en marcos normativos y políticas públicas. Entre ellos se destacan la Ley 1-21, que elimina el matrimonio infantil, el Sello Igualando RD y la Política Nacional de Cuidados.
Asimismo, el Índice de Desigualdad de Género nacional mejoró un 2.7% entre 2020 y 2024, impulsado principalmente por la reducción de la tasa de fecundidad en adolescentes y el incremento de la población femenina con nivel educativo secundario.
No obstante, las brechas estructurales continúan limitando el desarrollo pleno de las mujeres dominicanas. En el mercado laboral, persisten desigualdades salariales, menor acceso a empleos formales y baja representación femenina en cargos directivos. También se mantiene una participación limitada de las mujeres en la política y en los espacios de toma de decisiones.
A esto se agrega la carga desproporcionada del trabajo de cuidados no remunerado, que sigue recayendo principalmente sobre las mujeres por factores culturales y estructurales. Esta realidad impacta su autonomía económica, sus oportunidades educativas y su inserción laboral.
Aunque la tasa de pobreza de las mujeres disminuyó de 20.1% en 2024 a 18.6% en 2025, la brecha respecto a los hombres aumentó ligeramente, al pasar de 2.3 a 2.7 puntos porcentuales. Además, la violencia de género continúa siendo una de las expresiones más graves de desigualdad, con altos índices de feminicidios que evidencian la necesidad de fortalecer las respuestas institucionales.
Para el PNUD, una de las mayores distancias entre el avance normativo y la vida diaria de las mujeres está en las normas sociales sesgadas. El informe global del organismo sobre normas sociales de género advierte que la mitad del planeta sigue creyendo que los hombres están más capacitados para ser líderes, mientras que el 40% considera que son mejores para encabezar negocios.
Esto explica por qué, aunque muchas barreras legales han sido eliminadas, las mujeres siguen subrepresentadas en la política y en la economía. A nivel mundial, ocupan apenas el 10% de los cargos de jefatura de Estado o de Gobierno. En el ámbito económico, aunque las mujeres han cerrado brechas educativas e incluso superan a los hombres en formación en muchos países, la brecha salarial de género persiste.
“La igualdad no es solo un objetivo social”
Desde la perspectiva de Ana María Díaz, representante residente del PNUD en República Dominicana, la igualdad de género debe entenderse como una condición esencial para el desarrollo sostenible.
“La igualdad de género no es solo un objetivo social, sino una condición esencial para el desarrollo sostenible del país”, afirma.

Su planteamiento parte de que cuando hombres y mujeres tienen las mismas oportunidades de acceder a la educación, al empleo y a la toma de decisiones, se aprovecha mejor el talento de toda la población. Esto incrementa la creatividad, la innovación y la productividad en todos los sectores.
El impacto económico también es considerable. Cerrar la brecha de género en el mercado laboral representaría una oportunidad transformadora para América Latina. Si la región lograra equiparar plenamente la participación laboral entre hombres y mujeres, el producto interno bruto (PIB) podría aumentar entre 22.1% y 23.1%.
Para Díaz, los países que logran avanzar de forma sostenida en igualdad de género son aquellos que integran el desarrollo humano sostenible en sus prioridades nacionales y lo convierten en una medida real del acceso de las personas a la vida que desean vivir.
Sobre República Dominicana, destaca la existencia de un liderazgo femenino sólido que está rompiendo barreras tradicionales e inspirando a otras mujeres. “Existe un sólido liderazgo femenino que está rompiendo barreras tradicionales e inspirando a muchas otras mujeres”, sostiene.
Violencia de género
Frente a la violencia de género, el PNUD plantea que se necesita una acción coordinada y sostenida en tres niveles: prevención, atención y respuesta institucional.
En prevención, resulta fundamental fortalecer la educación y las campañas de sensibilización desde edades tempranas, promoviendo relaciones igualitarias, respeto a los derechos humanos y una cultura de no violencia en el hogar, la escuela, el trabajo y la comunidad.
En atención, se requiere garantizar que las mujeres víctimas de violencia accedan a servicios psicosociales, jurídicos y médicos de calidad, oportunos y gratuitos. Mientras que, en la respuesta institucional, los sistemas de justicia, salud y protección social deben actuar con perspectiva de género, rapidez, integralidad y sin prejuicios.
Empresas más equitativas
En el ámbito empresarial, iniciativas como el Sello Igualando RD buscan transformar las políticas internas y la cultura organizacional de las empresas. Esta herramienta global del PNUD, liderada en el país por el Ministerio de la Mujer, ha impactado a más de 61,600 personas trabajadoras, de las cuales el 45% son mujeres, en cerca de 30 empresas.
El sello permite identificar brechas de género, eliminar prácticas discriminatorias e implementar normas alineadas con estándares como la NORDOM 775. Además, promueve mayor participación femenina en espacios de liderazgo, oportunidades de desarrollo profesional y mejores condiciones laborales.
De acuerdo con el PNUD, estos instrumentos también contribuyen a mejorar el clima organizacional, reducir la rotación y el ausentismo, aumentar el sentido de pertenencia y fortalecer la productividad. En el sector público, 11 instituciones han sido certificadas, impactando a miles de personas.
Perspectiva de liderazgo
Desde su experiencia internacional, ¿qué ha aprendido sobre los países que logran avanzar de forma sostenida en igualdad de género?
El éxito sostenido se alcanza cuando el desarrollo humano sostenible se integra plenamente en las prioridades nacionales, convirtiéndose en una medida real del acceso de las personas a la vida que desean vivir.
¿Qué le ha sorprendido de República Dominicana en materia de liderazgo femenino y desarrollo sostenible?
Existe un sólido liderazgo femenino que está rompiendo barreras tradicionales e inspirando a muchas otras mujeres.
Si pudiera dejar una idea instalada en la conversación pública dominicana sobre igualdad de género, ¿cuál sería?
Si pudiera dejar una idea en la conversación pública dominicana, sería que la igualdad de género no es solo un objetivo social, sino una condición esencial para el desarrollo sostenible del país.
¿Qué significa para usted liderar desde el PNUD una agenda de desarrollo humano en un momento en que el mundo exige más inclusión, resiliencia y equidad?
Significa acompañar al Estado en sus prioridades nacionales de desarrollo con soluciones innovadoras, preparando al país para desafíos como la inteligencia artificial y la crisis climática.
¿Cuál sería su llamado a las instituciones, empresas, medios de comunicación y ciudadanía para acelerar el cumplimiento del ODS 5?
El avance hacia la igualdad de género requiere liderazgo, inversión y coherencia: decisiones basadas en evidencia, asignación de recursos y rendición de cuentas en todos los niveles.










