Antes de convertirse en educadora financiera, Emilia Tavárez tuvo que comprender el impacto que las decisiones económicas de una familia pueden ejercer sobre sus integrantes. Su acercamiento al dinero no comenzó en una universidad ni en una institución financiera, sino en el hogar, observando las consecuencias de la falta de planificación.
Su historia ha sentado las bases para convertirse en una mujer que educa y ayuda a otros a construir un mejor bienestar personal y familiar, desde la correcta gestión de sus finanzas. Esto le ha permitido a Tavárez publicar el libro “Camino hacia mi libertad” y crear de Legacy Trek™, plataformas que utiliza para transformar la relación con el dinero en claridad, conexión y libertad emocional.
Su entrada formal al sector financiero se produjo a través de la industria de los seguros de salud y de vida. Sin embargo, al presentar estos productos en su familia y su comunidad, identificó una barrera que iba más allá de la falta de información.
Hablar de seguros de vida implicaba conversar sobre muerte, herencia, protección y futuro. Las respuestas que recibía revelaban resistencia: algunas personas afirmaban que no morirían pronto; otras cuestionaban por qué debían dejar dinero a sus hijos en lugar de disfrutarlo mientras estuvieran vivas.
Tavárez entendió que, antes de explicar un instrumento financiero, necesitaba conocer los temores, las experiencias y las creencias que influían en las decisiones de cada persona. Esa búsqueda la llevó a estudiar coaching, revisar su propia gestión financiera y confrontar las dificultades que experimentaba al hablar de dinero dentro de su relación de pareja.
Su fe también adquirió un papel central en esa transformación, lo que la llevó a certificarse como facilitadora para enseñar finanzas desde una perspectiva bíblica. Allí profundizó en principios que le permitieron conciliar la prosperidad con sus valores espirituales.
“El dinero no cambia a la persona, sino que expande quién tú eres como ser humano”, sostiene. Desde su perspectiva, el problema no se encuentra en el dinero, sino en las prioridades, los valores y la intención de quien lo administra.
Metodología
La experiencia profesional y personal llevó a Tavárez a cuestionar los modelos tradicionales de educación financiera, enfocados casi exclusivamente en presupuestos, deudas, ahorro e inversión. Aunque reconoce la importancia de esos componentes, considera que resultan insuficientes cuando no se examinan las emociones y los patrones familiares.
Explica que hablar de dinero todavía genera miedo, ansiedad y vergüenza. Una persona endeudada puede evitar pedir ayuda por temor a ser considerada irresponsable y quien ha acumulado patrimonio también puede callar para no ser percibido como arrogante. En ambos casos, el silencio impide encontrar orientación y tomar mejores decisiones. De ese proceso nació Legacy Trek™, una metodología experiencial presentada como un “juego serio” de educación financiera. A través de un tablero, los participantes recorren siete niveles hacia la libertad financiera, comenzando por la claridad y la organización del presupuesto.
Durante la experiencia surgen oportunidades, desafíos, objetivos y emociones que permiten observar cómo reacciona cada participante. La intención es que la persona identifique, dentro del juego, los comportamientos que reproduce inconscientemente en la vida cotidiana. “Quiero que te veas y reconozcas los patrones que estás repitiendo cada día”, señala. Esa toma de conciencia sirve como punto de partida para transformar la relación con el dinero.
Legacy Trek™ representa, además, una extensión de la historia que Tavárez comparte en su libro “Camino hacia mi libertad”. La obra presenta a la mujer detrás de la profesional: una inmigrante que enfrentó procesos personales complejos, tomó decisiones difíciles y, durante mucho tiempo, proyectó fortaleza mientras buscaba protección y comprensión.
Presupuesto
Dentro de su propuesta, el presupuesto ocupa un lugar esencial. Tavárez lo define como una herramienta para asignar dirección al dinero y evitar que este termine controlando la vida de las personas.
También rechaza la idea de que presupuestar significa vivir bajo restricciones permanentes. Por el contrario, considera que permite construir posibilidades y determinar qué decisiones son coherentes con cada etapa de la vida. Si una compra o experiencia no estaba contemplada, la persona puede posponerla, ajustar otras partidas o buscar nuevas fuentes de ingresos.










