Con más de una década de experiencia, la maquilladora profesional ha construido una marca sólida, donde el arte, la técnica y la esencia de cada mujer se encuentran
En una industria donde muchas veces la belleza se reduce a la apariencia, Heyvi “Avis” Vásquez ha construido una carrera que va mucho más allá del maquillaje. Con más de 10 años de trayectoria en el sector, esta maquilladora profesional se ha consolidado como una de las artistas más queridas y respetadas del país, especialmente en el universo de las novias, gracias a una propuesta que combina sensibilidad, técnica, visión de negocio y una profunda convicción: el maquillaje debe realzar la belleza.
Su historia no comenzó entre brochas, bases y luces de estudio. Antes de posicionarse en el mundo de la belleza, Avis ya tenía una conexión natural con el arte. Desde niña supo que quería dedicarse a algo creativo: pintaba paisajes sobre cualquier cartón que encontraba y sentía una fascinación genuina por las expresiones artísticas. Esa inclinación la llevó primero al mundo de la artesanía, donde también desarrolló una faceta empresarial antes de abrir su estudio de maquillaje.
Uno de los elementos que distingue el trabajo de Avis es su enfoque en la naturalidad. Lejos de promover transformaciones irreconocibles, su propuesta busca que cada mujer se sienta hermosa desde su propia identidad.
Para ella, el maquillaje es una herramienta, no una máscara. Por eso insiste en que sus clientas aprendan a valorar sus rasgos, a aceptar aquello que consideran imperfecto y a reconocer que la belleza no debe depender exclusivamente de los cosméticos. “Tenemos que sentirnos bonitas sin maquillaje. El maquillaje solamente es una herramienta”, sostiene.
Aunque hoy se le reconoce especialmente por su trabajo en maquillaje social y de novias, los inicios de Avis en esta industria estuvieron ligados al maquillaje de teatro y a la caracterización. Es experta en esa área y durante años trabajó en producciones donde el rostro se convierte en un vehículo narrativo.

Construir una empresa
Cuando una amiga la invitó a un taller hace más de diez años, Avis vio una nueva posibilidad profesional. Aunque en ese momento quizá pocos podían imaginar el alcance de ese paso, ella sí tenía claridad sobre lo que quería construir.
Con una personalidad perseverante y determinada, asegura que cuando inicia algo no se detiene hasta sentirse plena con el resultado. Esa disciplina la acompañó también en la transición desde la artesanía hacia el maquillaje profesional.
Desde el inicio quería tener su estudio, formar un equipo, posicionarse, viajar y llevar su talento más allá de la República Dominicana. Con constancia, preparación y estructura, ha ido materializando ese sueño.
Hoy, por su estudio han pasado alrededor de 30 artistas del maquillaje, muchas de las cuales encontraron allí una escuela, un espacio de crecimiento o un trampolín para luego lanzar sus propios proyectos. Actualmente, su operación cuenta con un equipo de unas 12 personas entre maquillaje y peinado, lo que evidencia el nivel de desarrollo que ha alcanzado su empresa.
Visión de negocio
Avis reconoce que el maquillaje puede ser una industria rentable, pero advierte que no basta con tener talento para convertirlo en una fuente de ingresos sostenible. La diferencia, dice, está en la estructura.
Prepararse técnicamente es fundamental, pero también lo es aprender a manejar el negocio como una empresa real. Durante años entendió el oficio desde la práctica, pero fue cuando contrató asesoría especializada en negocios que pudo ver con claridad el verdadero potencial económico de su estudio.
Esa asesoría le permitió comprender aspectos esenciales como los costos operativos, la productividad por estación de trabajo, la rentabilidad, la estructura de cobros y la sostenibilidad financiera. En otras palabras, pasó de ejecutar un servicio a dirigir un negocio con números, metas y estrategia.
Para Avis, este paso fue determinante. Por eso insiste en la importancia de que las emprendedoras busquen acompañamiento profesional, incluso si están comenzando con una operación pequeña. “No importa si eres manicurista y solo tienes una mesa, es muy importante tener esa asesoría”, afirma.
A esto suma otro elemento que considera indispensable: la contabilidad. Entender que no todo lo que entra al negocio es ganancia personal también ha sido parte de su proceso de madurez empresarial.
Balance
La historia de Avis también está atravesada por la maternidad. Su crecimiento empresarial no ha ocurrido al margen de su vida familiar, sino en paralelo a ella. Y justamente por eso, uno de los mayores aprendizajes de su trayectoria ha sido entender que el éxito no puede construirse a costa del agotamiento permanente.
Recuerda que al principio quería trabajar todo el tiempo, aceptar todas las citas y responder a toda demanda. Pero con el tiempo comprendió que parte de convertir el maquillaje en un verdadero negocio también implicaba definir horarios, establecer reglas y construir una dinámica sostenible.
Hoy procura que, antes de salir a trabajar, su rol de madre esté atendido: sus hijos con la comida lista, las loncheras preparadas y todo organizado para que el funcionamiento del hogar no dependa del caos. Cuando se trata de viajes o compromisos especiales, se apoya en su red familiar y en su esposo.
Su visión es que primero esté la estructura del hogar y luego la del negocio. Esa postura le ha permitido sostener su carrera sin perder de vista sus prioridades y, sobre todo, sin romantizar el desgaste extremo.
Recomendaciones
Al dirigirse a jóvenes que sueñan con entrar al mundo del maquillaje, pero sienten que necesitan dinero, conexiones o condiciones perfectas para comenzar, su mensaje es directo: “hay que empezar con lo que se tiene”.
No hace falta contar con un kit lujoso desde el primer día. Si el capital solo alcanza para comprar productos básicos, ese puede ser el punto de partida, siempre que se trabaje con higiene, orden, respeto y visión.
La clave, dice, está en cuidar las herramientas, recuperar la inversión de manera consciente e ir creciendo paso a paso: un producto mejor hoy, otro mañana; una clienta, luego dos, luego tres. Pero siempre desde la claridad de que incluso con recursos limitados se puede ofrecer un servicio digno y profesional.











