Acompaña a coaches, facilitadores y expertos a convertir sus conocimientos en herramientas lúdico-sensoriales
Para Ana Lidia Peña, tener conocimiento no garantiza que una persona sepa transmitirlo. En un mercado saturado de conferencias, talleres, contenidos digitales y programas formativos, la verdadera diferencia está en conseguir que las audiencias conecten con la información, la integren y puedan convertirla en acciones concretas.
Esta convicción sostiene la propuesta profesional de Peña, coach, programadora neurolingüística (PNL), mentora, comunicadora, speaker, educadora experiencial y formadora de formadores. Su trabajo está dirigido a profesionales que necesitan identificar su talento, estructurar sus conocimientos y transformarlos en experiencias formativas creativas y memorables.
“Es penoso ver cómo hay profesionales con muchísimo conocimiento y una gran cantidad de títulos, pero cuando tienes la oportunidad de asistir a una de sus conferencias o formaciones, lo que recibes no coincide con lo que esperabas”, señala.
Según Peña, el problema no suele estar en la preparación técnica, sino en la capacidad para entregar la información de una manera que responda a las características de quienes la reciben. Su propuesta parte de que el experto no debe ocupar el centro de la experiencia, ya que ese lugar le corresponde al participante.
Antes de entrar al mundo del coaching y la facilitación, Peña se formó como arquitecta. Su conexión con la educación ocurrió mientras dirigía una escuela de danza y arte. Convencida de que necesitaba una preparación que respaldara su función directiva, decidió cursar una maestría en Gestión Académica.
Aquella formación no sólo le proporcionó herramientas para administrar el proyecto. También la llevó a descubrir que su manera de aprender era diferente. “Me di cuenta de que no memorizaba. Entonces comencé a buscar alternativas para aprender e incorporar el conocimiento sin tener que memorizar largos textos”, recuerda.
Esa búsqueda la acercó al aprendizaje experiencial, el coaching y distintas metodologías de facilitación. Al integrarlas y comprobar sus resultados, encontró una oportunidad para construir una propuesta profesional propia. “Fui uniendo metodologías y observando lo que pasaba conmigo y con las experiencias que ofrecía. Entonces dije: ‘Esto funciona’”, relata.
Peña ha desarrollado distintas propuestas para multiplicar el alcance de su metodología. Una de ellas es la certificación Ikigai Serious Game, fundamentada en un juego de mesa que acompaña a las personas en la identificación o revisión de su propósito de vida.
A esta propuesta se suma un máster de un año en Facilitación Transformacional Ludosensorial, diseñado para profesionales con experiencia que necesitan comunicar de una manera diferenciada, superar bloqueos creativos o convertir sus conocimientos en productos propios.
Herramienta estratégica
Una de las primeras evidencias llegó mientras trabajaba para una empresa dedicada a formar gerentes. Los participantes asistían después de extensas jornadas laborales y, con frecuencia, llegaban cansados y poco motivados. Con la incorporación de juegos, elementos sensoriales y dinámicas participativas, su comportamiento comenzó a cambiar.
Los empleados ya no evitaban las sesiones, sino que llegaban temprano y preguntaban qué novedad traería la facilitadora. Peña había logrado convertir la formación en un espacio esperado.
El cambio no respondió a fórmulas extraordinarias, sino a una combinación intencional de sorpresa, juego, interacción y estimulación de los sentidos. “El juego desinhibe, te da libertad, te permite soltar expectativas y fluir de manera intuitiva. Como sientes que estás jugando, no te percibes evaluado ni medido”, explica.
Su metodología procura atender distintas formas de aprendizaje. Para las personas visuales, cuida las imágenes, la organización y la apariencia del espacio. Para quienes aprenden mediante el movimiento y la acción, incorpora actividades como armar, escribir, pintar o construir. En el caso de los perfiles auditivos, utiliza la voz, la música y los sonidos como recursos para generar emoción. “Todos se sienten mirados porque reciben la información como ellos aprenden, no necesariamente como aprende el facilitador”, puntualiza.
La creatividad
Para Peña, la creatividad no es una capacidad reservada para un grupo de personas especialmente talentosas. Se cultiva cuando el profesional deja de perseguir la perfección, reduce sus expectativas y se permite experimentar.
“Todos tenemos la posibilidad de ser creativos. Debemos regalarnos la oportunidad de escucharnos, fluir, soltar la perfección y abrazar lo que somos”, asegura.
Su rol como mentora no consiste en imponer respuestas, sino en crear las condiciones para que cada persona encuentre las propias. “La creatividad siempre está ahí. Yo la detono haciendo que mis mentorados se escuchen a sí mismos. Las respuestas están en ellos, no en mí”.










